Para mi son igual de importantes dos fechas en la vida: el
día de mi cumpleaños y el Día del Periodista. Me gusta celebrar (más allá de la
fiesta es una celebración interna) que nací y que además he dedicado gran parte
de mi vida a servir a otros escribiendo lo que yo creo, es una noticia. Ya han
pasado 36 años de lo primero y 14 que comencé en lo segundo, y el día de hoy,
no puedo dejar de compartir con ustedes una notica.
Me he interesado últimamente por un hecho importante de la
historia. Me llegó a través de un programa de televisión de esos electrizantes
de los domingos: una hora de catástrofes aéreas seguida de “La Sociedad de la
Nieve”, la historia de Nando Parrado y los 16 sobrevivientes del vuelo 571 de
la Fuerza Aérea Uruguaya, que se estrelló en la Cordillera Andina.
Cuando lo comenté: “¡Ahhh siiii! China, ¿no habeis visto esa
película? VIVEN se llama, del que se comió a la mamá, China, por Dios, ¡la
película!" Sí, Alive. Más vieja que la gaita, sí, de 1993. Claro que sé, pero no
la he visto… la película.
Como no se me salía de la cabeza, y difícilmente se te puede
salir una historia de la vida real que te cuenta que un viernes 13, octubre de
1972, se estrelló un avión con 45 pasajeros en la Cordillera de los Andes, donde
fallecieron 29, pero después 70 días rescataron a 16 quienes sobrevivieron
comiéndose a los que no lo hicieron, y que además tuvieron que pensar para
hacerlo que era algo así como consumir el cuerpo de Cristo hecho pan en la eucaristía;
pues tuve que leer más.
¡Canibalismo! Resaltaba de las fotos de periódicos de la
época. Pero ese tema me lo dejaron bien claro los protagonistas, porque en el
documental dominguero ellos mismos aclaran que el caníbal mata para comer, y que
en todo caso ellos incurrieron en la antropofagia, que es el hecho de comer
carne humana, esa vez, con un claro propósito de supervivencia.
Superado el tema, porque es más que obvio, justificable y
hasta ratificado así por la Iglesia en su momento, que no hubo pecado y que todo
se hizo en honor a la vida; me llegó tanto tanto el hecho de que en ese tiempo
en el que no tenían esperanza alguna en medio de piedras, hielo, ventiscas,
muertos y temperatura bajo cero grados celsius; día tras fatídico día, estos
jóvenes mantuvieron una extraordinaria convivencia.
Así lo cuenta Fernando Parrado, a quien la historia identifica
como el héroe, el guía que los mantuvo alertas y que cuando ya no veía más
salida no dudó en lanzarse a caminar solo, impulsado por el deseo de volver a
ver a su padre, dejando atrás, muy atrás, los cuerpos de su madre y su hermana
Susana quienes murieron por el impacto, para no ser parte de lo inevitable.
Afortunadamente, emprendió su camino en busca de la salvación
junto a su amigo Roberto Canessa. Ellos caminaron por diez días hasta que
encontraron tierra firme, un río y a un arriero.
En el libro “Milagro en la Andes”, editado en el año 2006 y donde
Nando cuenta su tragedia, escribió:
“Llevaba meses esperando con impaciencia el viaje y, al echar
un vistazo a la cabina de pasajeros, no tenía duda de que mis compañeros de
equipo sentían lo mismo. Habíamos pasado muchas cosas juntos. Sabía que los amigos que había hecho en el
equipo de rugby serían para toda la vida. Al verlos allí, en el avión, me
alegré de que estuvieran conmigo”.
Este juego inculcado en el colegio por los Christian Brothers,
quienes habían llegado a Uruguay procedentes de Irlanda, los preparó también
para ese acontecimiento, otorgándoles cualidades para afrontar un encuentro
duro con la vida: humildad, tenacidad, autodisciplina y devoción por los demás.
De no haber sido así, creo que no lo habrían logrado.
También pienso en el destino. El puesto que ocupó Fernando
Parrado al momento del accidente no era su puesto. Su amigo Francisco “Panchito”
Abal lo hizo cambiar minutos antes para que lo dejara ver por la ventanilla.
Panchito no sobrevivió al impacto y Nando sí, en el puesto de al lado.
Actualmente, Fernando Parrado tiene la edad de mi papá: 65
años. En aquel entonces tenía 19 y como la gran mayoría, era un estudiante
universitario, jugador de rugby, que se dirigía de Uruguay a Santiago de Chile
a practicar el deporte y a vacacionar en un vuelo privado, transportado por un
avión militar cuyo piloto viró a la derecha 4 minutos antes de cuando debía.
Fernando Parrado, ex corredor de carreras de lanchas, autos y
motos, empresario, productor y presentador de televisión, tiene un página web y
un correo al cual escribí este 24 de junio:
¡Hola! Soy venezolana.
Quiero decirte que te he conocido reciente por la tv. Ya sabía por lo que
habías pasado pero es hasta ahora, tal vez por un momento particular de mi
vida, que tu historia me llega y afecta.
Conocí hace unos años
otras montañas frías que se parecen mucho a las de tus fotos, entre los Alpes
catalanes y franceses, y aún hoy, ese frío paralizante me da miedo cuando lo
recuerdo. Estuve tres días de vacaciones. Por eso me pareces admirable al punto
de escribirte.
De igual modo, en la
vida también hay montañas gélidas que nos quitan el aliento y por momentos nos
entregamos a la resignación de que nada bueno pasará.
Pero entonces, aparece
Dios, y se manifiesta en lo que hemos escuchado, aprendido y visto. La luz de
la sabiduría nos acompaña y nos hace fácil o más llevadera esa cuesta arriba,
aunque sea para llegar a un punto en el que aún no se escapa de la dificultad.
Ahí también entran los
amigos o ese desconocido que tenemos al lado y que llegó para quedarse en esta
aventura que es la vida, un día, quince días, quince años o toda la vida.
Quiero decirte que leo
sobre ti porque en momentos atravieso rudas montañas nada más conmigo, con lo
que sé y creo. Y la fe en Dios y el creer que habrá un río fresco que encontrar
como lo hiciste tu, me anima.
Gracias Nando, ojalá te
conozca un día.
Rita
Para mi sorpresa, desde algún lugar del mundo, Nando Parrado
me respondió el día 25:
Muchas gracias Rita por tu cálido
mensaje..!!!
Nando
Enviado desde mi iPhone
Enviado desde mi iPhone
¡Qué maravillosa es la comunicación! Lo escribí como ser humano
y hoy lo comparto con ustedes como periodista.

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