sábado, 27 de junio de 2015

Como ser humano y como periodista

Para mi son igual de importantes dos fechas en la vida: el día de mi cumpleaños y el Día del Periodista. Me gusta celebrar (más allá de la fiesta es una celebración interna) que nací y que además he dedicado gran parte de mi vida a servir a otros escribiendo lo que yo creo, es una noticia. Ya han pasado 36 años de lo primero y 14 que comencé en lo segundo, y el día de hoy, no puedo dejar de compartir con ustedes una notica.  
Me he interesado últimamente por un hecho importante de la historia. Me llegó a través de un programa de televisión de esos electrizantes de los domingos: una hora de catástrofes aéreas seguida de “La Sociedad de la Nieve”, la historia de Nando Parrado y los 16 sobrevivientes del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que se estrelló en la Cordillera Andina.
Cuando lo comenté: “¡Ahhh siiii! China, ¿no habeis visto esa película? VIVEN se llama, del que se comió a la mamá, China, por Dios, ¡la película!"  Sí, Alive. Más vieja que la gaita, sí, de 1993. Claro que sé, pero no la he visto… la película.
Como no se me salía de la cabeza, y difícilmente se te puede salir una historia de la vida real que te cuenta que un viernes 13, octubre de 1972, se estrelló un avión con 45 pasajeros en la Cordillera de los Andes, donde fallecieron 29, pero después 70 días rescataron a 16 quienes sobrevivieron comiéndose a los que no lo hicieron, y que además tuvieron que pensar para hacerlo que era algo así como consumir el cuerpo de Cristo hecho pan en la eucaristía; pues tuve que leer más.
¡Canibalismo! Resaltaba de las fotos de periódicos de la época. Pero ese tema me lo dejaron bien claro los protagonistas, porque en el documental dominguero ellos mismos aclaran que el caníbal mata para comer, y que en todo caso ellos incurrieron en la antropofagia, que es el hecho de comer carne humana, esa vez, con un claro propósito de supervivencia.
Superado el tema, porque es más que obvio, justificable y hasta ratificado así por la Iglesia en su momento, que no hubo pecado y que todo se hizo en honor a la vida; me llegó tanto tanto el hecho de que en ese tiempo en el que no tenían esperanza alguna en medio de piedras, hielo, ventiscas, muertos y temperatura bajo cero grados celsius; día tras fatídico día, estos jóvenes mantuvieron una extraordinaria convivencia.
Así lo cuenta Fernando Parrado, a quien la historia identifica como el héroe, el guía que los mantuvo alertas y que cuando ya no veía más salida no dudó en lanzarse a caminar solo, impulsado por el deseo de volver a ver a su padre, dejando atrás, muy atrás, los cuerpos de su madre y su hermana Susana quienes murieron por el impacto, para no ser parte de lo inevitable.
Afortunadamente, emprendió su camino en busca de la salvación junto a su amigo Roberto Canessa. Ellos caminaron por diez días hasta que encontraron tierra firme, un río y a un arriero.
En el libro “Milagro en la Andes”, editado en el año 2006 y donde Nando cuenta su tragedia, escribió:
“Llevaba meses esperando con impaciencia el viaje y, al echar un vistazo a la cabina de pasajeros, no tenía duda de que mis compañeros de equipo sentían lo mismo. Habíamos pasado muchas cosas juntos.  Sabía que los amigos que había hecho en el equipo de rugby serían para toda la vida. Al verlos allí, en el avión, me alegré de que estuvieran conmigo”.
Este juego inculcado en el colegio por los Christian Brothers, quienes habían llegado a Uruguay procedentes de Irlanda, los preparó también para ese acontecimiento, otorgándoles cualidades para afrontar un encuentro duro con la vida: humildad, tenacidad, autodisciplina y devoción por los demás. De no haber sido así, creo que no lo habrían logrado.
También pienso en el destino. El puesto que ocupó Fernando Parrado al momento del accidente no era su puesto. Su amigo Francisco “Panchito” Abal lo hizo cambiar minutos antes para que lo dejara ver por la ventanilla. Panchito no sobrevivió al impacto y Nando sí, en el puesto de al lado.
Actualmente, Fernando Parrado tiene la edad de mi papá: 65 años. En aquel entonces tenía 19 y como la gran mayoría, era un estudiante universitario, jugador de rugby, que se dirigía de Uruguay a Santiago de Chile a practicar el deporte y a vacacionar en un vuelo privado, transportado por un avión militar cuyo piloto viró a la derecha 4 minutos antes de cuando debía.
Fernando Parrado, ex corredor de carreras de lanchas, autos y motos, empresario, productor y presentador de televisión, tiene un página web y un correo al cual escribí este 24 de junio:

¡Hola! Soy venezolana. Quiero decirte que te he conocido reciente por la tv. Ya sabía por lo que habías pasado pero es hasta ahora, tal vez por un momento particular de mi vida, que tu historia me llega y afecta.
Conocí hace unos años otras montañas frías que se parecen mucho a las de tus fotos, entre los Alpes catalanes y franceses, y aún hoy, ese frío paralizante me da miedo cuando lo recuerdo. Estuve tres días de vacaciones. Por eso me pareces admirable al punto de escribirte.
De igual modo, en la vida también hay montañas gélidas que nos quitan el aliento y por momentos nos entregamos a la resignación de que nada bueno pasará.
Pero entonces, aparece Dios, y se manifiesta en lo que hemos escuchado, aprendido y visto. La luz de la sabiduría nos acompaña y nos hace fácil o más llevadera esa cuesta arriba, aunque sea para llegar a un punto en el que aún no se escapa de la dificultad.
Ahí también entran los amigos o ese desconocido que tenemos al lado y que llegó para quedarse en esta aventura que es la vida, un día, quince días, quince años o toda la vida.
Quiero decirte que leo sobre ti porque en momentos atravieso rudas montañas nada más conmigo, con lo que sé y creo. Y la fe en Dios y el creer que habrá un río fresco que encontrar como lo hiciste tu, me anima.
Gracias Nando, ojalá te conozca un día.
Rita

Para mi sorpresa, desde algún lugar del mundo, Nando Parrado me respondió el día 25:
Muchas gracias Rita por tu cálido mensaje..!!!
Nando

Enviado desde mi iPhone


¡Qué maravillosa es la comunicación! Lo escribí como ser humano y hoy lo comparto con ustedes como periodista.