jueves, 23 de febrero de 2012

Qué simpáticas son las historias. Los cuentos, las anécdotas. Hoy me he topado con mil. Once minutos, de Paolo Coelho abrió un grifo los últimos días.

La historia 1 (del libro del brasileño) cuenta la vida de María, una chica soñadora de Brasil que paró a prostituta en Suiza por la determinación de un hombre -esa parte me pareció tan desligada de lo que somos las mujeres ¡realmete!- pero con una vida que se volvió interesante luego de atravesar el Camino de Santiago (Para los que no sepan, el Camino de Santiago existe y ha cambiado la vida tanto de Coelho como de algunos personajes de sus libros) Luego de eso, María conoció a un pintor, quien no escapo al aditivo de bohemio y loco de todos los artistas, le enseña caminos "extremos" que llevan al amor. Todo muy normal... entretenido. Bueno para leer en soledad.

La historia 2 llegó en el trabajo: Un día, en que todo era normal, una supuesta muerta dio "señales de vida". Y ¿adivinen cómo? Le succionó el cuello al chico bonito de la oficina ¿Tonta ella, no?

Resulta que el hombre se quedó dormido en medio de la ausencia de la jefa, y entre los ruidos de "alguien viene" y la pereza de "dejenme descansar un rato", la mujer "de chaleco, camisa a rayas y pelo corto a lo niña bonita", le succionó el cuello al niño chulo y desapareció en el salvapantallas de la computadora de la jefa.


La realidad nunca será superada por la fantasía. Jeje.

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