lunes, 12 de noviembre de 2007

¡Me siento una teenager!


En los últimos días me he sentido ¡de la pataaaadda! como diría mi amigo Esteban de México. Estoy feliz, pero estoy triste, animada y desanimada... cerca pero lejos, grande pero chiquita... noooo! Lo último, pues. A la víspera de mis tres décadas, en apenas unos días he dado un salto de quince años, y es que siento que el ánimo me cambia de una noche terrible a un día esperanzador... En fin, la misma confusión de una quinceañera. Bahh... La teenager Rita.

Estoy muy pronta a cumplir un sueño gigante: ir a París. A conocer el Montmartré que me sé de memoria gracias a los libros de pintura y a Google Earth, los lugares que el pequeño Toulousse Lautrec (mi artista plástico favorito) visitó con sus bailarinas de la mala vida, a comprarme la boina negra (roja rojita jamás), a pasear; como miles que quieren y no pueden desearían.

Pero resulta que la cosa no me anima. Ir a pasar Navidad fuera de aqui y dejar a una Venezuela más confundida que yo, no me anima. Y no es falsa solidaridad. Es que uno ya piensa que ni soñar vale la pena, porque va a venir alguien que te diga: bájate de esa nube porque lo dice este artículo de la Constitución, y te tienes que bajar. O en mi caso, que venga alguien y diga que a España (mi primer destino en la prontitud de las vacaciones) o a Francia, no puedes entrar porque se rompieron las relaciones entre ambos países, dado que "alguien" no se quiso callar cuando tenía que hacerlo... o porque el mundo ya no recibe tanto venezolano que busca su "american pie" lejos del Salto Ángel, de los Médanos de Coro, Canaima, Los Cayos o de mi tradicional Santa Lucía City. Lo bueno es que nosotros no nos vamos en balsa; por lo menos hay plata para irse en avión con el deseo de regresar, pero no de volver jamás.

Y salgo a la calle y me cuestiono: Pero mijita! si en las casas los niños están llorando porque no tienen tetero con leche, ¿por qué hablas paja???!!!! y sí, habemos quienes hablamos paja. Hoy por ejemplo, vi una cola como de mil personas que querían entrar a comprar leche en un supermercado, al cual no tuve acceso porque la cola se iba a arrechar (creo que es primera vez que escribo una soecidad para alguien, pero qué biennn se siente y NO HAY mejor manera de explicar) Los miles buscaban leche; un paquete, y de esa que sabe a harina pan. Señor, quiero entrar. Yo no quiero leche. Le que vengo a comprar es un helado a mi sobrina y una crema dental!. -No mi linda... si te dejo pasar la gente se me engorila! Y fue entonces cuando pensé: Cuba, Cuba bonitaaaaaaaaaaaa....

Y tú, ¿vaassss a votarrrrrr??? Pregunta una señora de ojos saltones, con una expresión que por el interés de no pecar no dice ni sí ni no, para no levantar sospecha -Doña, no sé. No sé nada. Soy una puberta de la política, ya no me gusta tanto Globovisión, no tolero a los chavistas y hace poco el médico me prohibió el chocolate porque me da grasa en el hígado!! Es decir: SE ME ACABÓ LA ILUSIÓN... y no es que, manteniendo aquella posición de inteligente reserva: creo la mitad de lo me dicen. Es que YA- NO CREO- EN NADIE.

Qué bolas!!! Pensando así a los 29.Yo nunca he sido una mujer pesismista. Creo que si quereis un carro; brincais, saltais, te montais, te bajais, te arrechais (le agarré el gustico a lo soez), vais al banco, te lo niegan, volveis a empezar de cero, pedís presta'o, pero te lo com-pra-is, ¡mamita!. Y te lo bacilais.. montais al chamo que te gusta... y... eso... TAMBIÉN... te lo mereceis mijita!... te lo ganaste, lo luchaste... Y si te da la gana, te comeis al mundo. Así de easy...

En un punto y aparte. La idea de la muerte y yo tenemos una relación que hay que trabajar. Yo le soy indiferente pero a mi me inquieta, aunque alguna vez haya querido jugar con ella. Un familiar enfermo es el mejor tikitaki en la cabeza al hablar de la señora que nadie quiere y que a todos visita. ¿Y si???....¿qué pasaría si???... ¡Ayy dios!!!!... si mamaita.. NOOOOOOOOOOOO... Si algún día se quieren meter a masoquistas, no, no aguanten cachos. Empiecen a imaginar que un familiar querido se les muere.

Un señor gaitero (género musical del Zulia) que gozaba de mi estima, se murió por no cuidarse. Y en ese momento, con un nudo de barco en la garganta uno piensa: yo se lo digo a papá.. que con el azúcar alta no se juega. Y sientes que la vida es un ratico (¡tan bello Juanes!!!) y más nada. Un ratico para disfrutar. Entonces, vuelve la esperanza, y las ganas de decir: Qué más da! Un día todo pasará, y el 31 brindaremos por las cosas buenas que traerá otro año más.

Un beso, y gracias por leer. Sé que vale la pena volver. Siempre vale la pena volver.

Te amo mami. Te amo papi. Porsi viene la mujer aquella, y no lo dije suficiente. (El beso es de Toulousse Lautrec)